Me parecen espectacular las ensoñaciones publicadas, Alejandro que buen uso del lenguaje y majestuosa la forma en que juegas con los tiempo sin abandonar la época maravillosa del almendro.
VICTOR ALFREDO BRAVO MENDOZA Distracción – La Guajira Escritor y poeta. Ganador y finalista en varios concursos regionales y nacionales de literatura. Becario Ministerio de Cultura - Fondos Mixtos del Caribe. Fundador y director del Taller Literario: “Cantos de Juya”. Riohacha, 1999. Diplomado en Gestión Cultural con énfasis en Marketing. Diplomado en Identidad Cultural. Diplomado en Literatura con énfasis en Creación Literaria. Director del Taller de Creación Literaria del Ministerio de Cultura “Renata Guajira”. Miembro del Consejo Departamental de Cultura de La Guajira. Presidente del Consejo Departamental de Literatura de La Guajira. Presidente del Consejo Nacional de Literatura - Ministerio de Cultura 2004-2007. Miembro del Consejo Nacional de Cultura - Ministerio de Cultura 2004-2007. Ha recibido varios reconocimientos y menciones como gestor cultural. Obras “Los gritos del olvido” –Poesía- Ediciones Quillán. Barranquilla, 1986. Compilador de la antología: “Cuentos de autores guajiros”. Alcaldía de Maicao. Editorial Lealón. Medellín, 1989. “Martirologio de los ámbitos del ego en ese otro que me sueño”. –Poesía-. Ediciones Gracián. Medellín, 1990. Compilador de la antología: “Cuentos de autores guajiros 2” Ediciones Alcaldía Mayor de Riohacha… “Con todos”. Bucaramanga, 1995. “Signobrario. Ración de sombras”. –Poemas-. Ediciones Cantos de Juya. Bogotá, 1995. “La Guajira en su literatura” –Ensayo-. Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira – Universidad de La Guajira. Editores. Bogotá, 2000. “La Guajira: Ecología y metáforas”. –Ensayo-. Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira. Editor. Barranquilla, 2004. “La Guajira en la obra de Gabriel Garcia Marquez”-Ensayo-. Gobernacion de La Guajira. Editores. Barranquilla.2007. Editor del proyecto poético-musical: “Guajirindia”. Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira. Barranquilla, 1997.
TALLERISTAS RENATA-GUAJIRA
CUENTOS RENATA-GUAJIRA
PROLOGO
La Guajira es una suerte de paraíso triste. Enmarcada en una impresionante belleza, su gente vive lánguidamente, envuelta en entrañables misterios, ya relacionados con su origen, la cota de su destino o su vocación de seres errantes. Las brumosas mañanas dan finalmente con el cielo, y el mar verdoso se ilumina con destellos de alegrías melancólicas. La tierra fértil se encuentra con la tierra estéril; los místicos temblores del mineral enterrado se sienten en el acerbo de la gente, en su forma de vivir y de morir, de hacer énfasis con la cabeza, o de oír apasionadamente las historias más extrañas. Los negros, los blancos, los mestizos, los indígenas se deslizan por sobre esta tierra sitiada por el mar, sabiendo que La Guajira no tendrá fin, si acaso tuvo principio. El silencio en el desierto, los grillos en los valles feraces, los mochuelos en las montañas del sur son el ruidoso escenario de una vida delicada y febril, postergada tal vez para el logro de metas más altas en esta tierra, y que tal vez nadie entiende. La sensación de promontorio lanzado al Caribe, la tradición de contrabandistas, la nostalgia de las cárceles costeras, plagadas de herrumbre, recuerda a cada instante el paso febril del tiempo. Esa es la sugerente tierra wayuu, hace tiempo tocada por el talante de pueblos venidos de Iberia o de África. Esa es la atmósfera que retrata su literatura: incierta mixtura convertida en palabras.
Por eso, la literatura guajira es tan rica, tan variopinta, tan versátil. La parodia y la despreocupación que respira se ven matizadas por una gravedad, que sabe que también hay dolores inexpresables. La astucia retórica del palabrero se ve interrumpida por largas pausas; la abigarrada vena trovadoresca del cantor, de repente, pasa de la súplica al llanto de quien lamenta su suerte adversa; la elegante y señera estampa de la mulata se ve cortada por un gesto de angustia. Esta literatura muestra a un pueblo que busca reconocerse plenamente, definirse y definir su mundo, pero también muestra las dificultades que cruzan por su mente, las largas penas que se llevan con serena alegría y las incertidumbres que algunas veces cortan el aliento.
La Guajira, por lo que ha sido y por lo que es, se presta para contar bellos cuentos. Por lo que puede ser, se presta para fantasear con historias de recóndita factura; pródiga en personajes contradictorios, la vida cotidiana provee míticas matronas, esbeltas muchachas, árabes aventureros y filósofos de guayaberas, incansables para degustar el sabor del pescado o la salada ventisca de la soledad. Todos los cuentos queriendo dejar una huella dulce, humorística, engendrada en la vida misma y entreverada con problemas insolubles, hechas para reír buenamente y con sincero corazón, de los dolores y las heridas de la vida. La emoción contenida, atrapada en estos cuentos de nuevos escritores guajiros es la nota dominante. Se diría que no coinciden plenamente con el estereotipo dicharachero del hombre Caribe: no es cierto, lo llevan dentro y también revelan el lado oculto y desmesurado de su alma. Con su dejo y su estrella dejan ver plenamente el placer de narrar, sea cual sea la historia; la gracia de su temple y la gloria de ser testigos de un mundo propio, imperfecto sí, pero dignamente concebido y noblemente vestido de gala.
Los cuentos aquí presentados revelan esa Guajira que no conocemos en otras latitudes, y le dan sabor a un desconocido talante que ignorábamos. Sus personajes nómadas, elusivos, parecen estar de paso por los mismos lugares, habitando en una suerte de gozosa provisionalidad. Son universales en sus pasiones, pero únicos en la manera de mostrarlas, de hacerlas cercanas a nosotros. Una antología del cuento guajiro que no sólo es reveladora de talentos innegables, sino que deja pasar luz sobre la inquietante oscuridad de un pueblo pleno de vida. ENRIQUE SERRANO
APUNTES
EL CAMINO Miguel Delibes
A Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, según decían, de siete años y, después los estudios superiores, en la Universidad, de otros tantos años, por lo menos. ¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel? Seguramente, en la ciudad se pierde mucho el tiempo -pensaba el Mochuelo- y, a fin de cuentas, habrá quién, al cabo de catorce años de estudio no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa.
ESCRITURA GIGLICA*
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y Caín en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos desesperantes.cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que convulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tornulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricasla jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del Aurelio, se sentían balpalmar perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las mariplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias. (Tomado de “Rayuela” de Julio Cortázar).
*En síntesis, la Escritura Gíglica es el juego literario que consiste en inventar palabras e insertarlas en un texto breve que se presta a múltiples “traducciones” o interpretaciones. También se pueden inventar palabras para darles el significado que se ocurra.
REGLAS PARA ESCRIBIR FICCIÓN Kurt Vonnegut
A continuación las ocho reglas que el escritor norteamericano recientemente fallecido nos dejó para escribir buenas historias. Se trata, por supuesto, de un conjunto de normas válido para componer literatura “de acción”, bien sea policial, fantástica, de terror, política o de cualquier otro asunto que incluya una buena dosis de intriga. Si lo tuyo, en cambio, es la reflexión, el análisis de los personajes, la manera sutil en que el paisaje determina las acciones de los protagonistas, el contemplar cómo fluye el tiempo y sus consecuencias, no te servirán para construir tu relato. Tenlo en cuenta. 1.Utiliza el tiempo de un completo desconocido de forma que él o ella no sienta que lo está malgastando. 2.Dale al lector al menos un personaje con el que él o ella se pueda identificar. 3.Todos los personajes deben querer algo, aunque sea un vaso de agua. 4.Cada frase debe hacer una de estas dos cosas: revelar un personaje o hacer que la acción avance. 5.Empieza tan cerca del final como te sea posible. 6.Sé sádico. No importa cuán dulces e inocentes sean tus protagonistas, haz que les pasen cosas horribles para que el lector compruebe de qué madera están hechos. 7.Escribe para contentar únicamente a una persona. Si abres la ventana para hacerle el amor al mundo, o lo mismo para hablarle, tu historia cogerá una neumonía. 8.Dale a tus lectores toda la información posible lo más rápido que puedas. Para mantener el suspense los lectores deben tener una idea general de lo que está pasando, cómo y porqué, de modo que puedan acabar la historia ellos mismos. Piensa que las cucarachas pueden comerse las últimas páginas.
GABO Y PUNTO
A toda hora, en cualquier parte del mundo, mientras la fantasía pública me atribuye compromisos fabulosos, estoy siempre en el único ambiente en que me siento ser yo mismo: con un grupo de amigos. Mi mérito mayor no es haber escrito mis libros, sino, haber defendido mi tiempo para ayudar a Mercedes a criar bien a nuestros hijos. Mi mayor satisfacción no es haber ganado tantos y tan maravillosos amigos nuevos, sino haber conservado, contra los vientos más bravos, el afecto de los más antiguos. Nunca he faltado a un compromiso, ni he revelado un secreto que me fuera confiado para guardar, ni me he ganado un centavo que no sea con la máquina de escribir. Tengo convicciones políticas claras y firmes, sustentadas, por encima de todo, en mi propio sentido de la realidad, y siempre las he dicho en público para que pueda oírlas el que las quiera oír. He pasado por casi todo en el mundo. Desde ser arrestado y escupido por la policía francesa, que me confundió con el rebelde argelino, hasta quedarme encerrado con el papa Juan Pablo II en su biblioteca privada, porque él mismo no lograba girar la llave en la cerradura. Desde haber comido las sobras de un cajón de basura en París, hasta dormir en la cama romana donde murió el rey Don Alfonso XIII. Pero nunca, ni en las verdes ni en las maduras, me he permitido la soberbia de olvidar que no soy nadie más que uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca. De esa lealtad a mi origen se deriva todo lo demás: mi condición humana, mi suerte literaria y mi honradez política. He dicho alguna vez que todo honor se paga, que toda subvención compromete y que toda invitación se queda debiendo. Por eso he sido siempre tan cuidadoso en mi vida social. Nunca he aceptado más almuerzos que los de mis amigos probados. Hace muchos años, cuando era crítico de cine, y estaba sometido a la presión de los exhibidores, conservaba siempre el pase de favor para demostrar que no había sido usado, y pagaba la entrada. No acepto invitaciones de viajes con gastos pagados. Si quedé mal hecho de fábrica ya es demasiado tarde para volverme a hacer nuevo. Nadie se construye una vida así, con las puras uñas y con tanto rigor minuto a minuto, para salir de pronto con el chorro de babas de asilarse y exiliarse sólo para vender un millón de libros, que además ya estaban vendidos. Gabriel García Márquez. Notas de prensa, 1981.
1 comentario:
Me parecen espectacular las ensoñaciones publicadas, Alejandro que buen uso del lenguaje y majestuosa la forma en que juegas con los tiempo sin abandonar la época maravillosa del almendro.
Publicar un comentario